Con la aparición de la fotografía a mediados del siglo XIX muchos de los códigos de representación de la cultura visual occidental, fueron transplantados al campo fotográfico; a su vez, las nuevas posibilidades de la mirada a través del encuadre fotográfico alimentaron y transformaron las otras artes visuales.Uno de los géneros que se absorbieron dentro de la fotografía fue el del retrato, que se expandió como una nueva industria en la que se funda el rol del artesano fotógrafo. La revolución industrial y el capitalismo alimentaron el desarrollo de la fotografía, la cual en el género del retrato, más que innovación o propuestas creativas sobre la imagen permite observar cánones representativos, modas, estratificación y roles sociales a través del tiempo.
El retrato en la historia
El retrato es un género que busca representar la figura humana, especialmente el rostro, a través de la fotografía.
La práctica retratística ha estado presente a lo largo de toda la historia, puesto que responde al deseo que tienen todos los seres humanos de contemplarse mediante la interpretación plástica de su propia imagen.
Se considera que el retrato surgió con el arte funerario egipcio del Nuevo Imperio, en el año 1500 a.C., cuando pasó de la representación esquemática de la imagen del faraón al retrato del mismo, debido a su condición semihumana y semidivina.En la Edad Media el derecho al retrato mantuvo su carácter sagrado y los papas fueron representados como fundadores de la Iglesia, así como los reyes lo fueron en calidad de elegidos de Dios. Más adelante, en el Renacimiento, ya no fue necesaria una justificación sagrada y el retrato se convirtió en un género independiente. El artista se concentró en la búsqueda de efectos visuales: rodear la figura de fondos imaginarios como paisajes, elementos o fondos neutros y desarrolló las tipologías del retrato: de perfil, de frente o de tres cuartos, así como los retratos de busto, de pie y el ecuestre. El retrato alcanzó en ese momento un gran auge, debido a la prohibición de las imágenes religiosas en los países protestantes como consecuencia de la Reforma. Así, el género se diversificó en retrato de corte, retrato oficial, alegórico, filosófico, mórbido, de carácter o retrato tratado como una naturaleza muerta. Rápidamente se internacionalizó y difundió por nuevos países y los flamencos se convirtieron en los grandes propagadores del mismo.
El siglo XIX conoció un nuevo esplendor del retrato, gracias al impulso de la clase burguesa, la cual buscó poseer todo lo que antes era privilegio de las clases dominantes. Durante la primera mitad del siglo se desarrollaron tres fórmulas de retrato que se originaron en la tradición: el retrato de ostentación, donde la persona era representada en el ejercicio de sus funciones; el de tres cuartos y el busto, una solución económicamente ventajosa cuya mayor preocupación fue lograr un parecido con el retratado.
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