La radical evolución del retrato fotográfico en las tres primeras décadas del siglo XX, que fueron especialmente dramáticas en Alemania y Austria, es el tema de una gran exposición con 200 fotografías que se inauguraron en el museo Albertina de Viena. La exposición, "no pretende dar a conocer las obras maestras", según explicó la comisaria Monika Faber, "sino mostrar cómo funciona el retrato".
Los retratos, realizados por medio centenar de fotógrafos, año de la anexión de Austria por la Alemania de Hitler, han sido distribuidos en ocho capítulos, comenzando por el denominado fin de siècle. Fue con una intención muy precisa que los comisarios de la exposición, Monika Faber y Janos Frecot, colocaron el periodo de comienzo del siglo XX bajo el título de "fin de siglo": porque en Europa se estaba percibiendo el final de toda una era, que acabaría con la hecatombe de la I Guerra Mundial en 1914.
En los albores del siglo XX, cuando la técnica era todavía muy aparatosa, el retrato fotográfico se inspiraba claramente en la tradición pictórica, con composiciones muy estáticas en medio de escenografías de marcados claroscuros. Los hombres, en pose por lo general solemne, y las mujeres, con expresión soñadora y elegante, "parecen descansar en sí mismos", indicó la comisaria de la exposición. En adelante, la fotografía se vuelve cada vez más experimental, para escapar a la "superficialidad enmascarada" que criticaban escritores como Joseph Roth refiriéndose tanto al talante de la época como a su reflejo fotográfico.
En esta búsqueda se destaca August Sander, a quien el comisario Janos Frecot considera "el fotógrafo alemán más importantes de los años veinte".
Sin duda, el público encontrará más famosos retratados que retratistas. Entre los "modelos" se encuentran célebres artistas como Gustav Mahler, Adolf Loos, Wassily Kandinsky, Oskar Kokoschka, Gustav Klimt, Egon Schiele, Jacques Prévert o Max Ernst. Los fotógrafos y sus distinguidos modelos solían frecuentar los mismos círculos y no era de extrañar que se diera un cierto mimetismo entre ellos. En 1922 Kallmus retrató a una bailarina, que recuerda, en forma, expresión y atuendo a un cuadro del pintor Gustav Klimt, fundador del grupo modernista de la Secession, que cultivaba la confluencia de todas las artes. Un retrato del pintor expresionista Egon Schiele, realizado en 1914 por Anton Josef Trcka, aparece como una réplica de los autorretratos del propio Schiele en los que llaman la atención la posición de los dedos entrelazados y la mirada perdida entre el vacío y la contemplación.
Los fotógrafos podían tomarse todas las libertades para experimentar. Hay una sala dedicada a la moda de los disfraces y otra a las "tomas momentáneas", que no es lo mismo que instantáneas, pues son poses estudiadas que pretenden imitar un momento espontáneo.
La exposición destaca que esta visión del ser humano fue instrumentalizada por la ideología racista de los nazis. La fotógrafa más famosa en este campo fue Erna Lendvai-Dircksen, convencida nacionalsocialista.
Después de la I Guerra Mundial, la fotografía comenzó a enseñarse en las universidades, con acceso también a las mujeres. Atrevidos fueron arrestados, asesinados o consiguieron huir, perseguidos por la fuerza aniquiladora del nazismo.
El retrato, la foto más personal
Aunque genéricamente se habla del retrato como si se tratase invariablemente de la fotografía del rostro de una persona, su esencia va mucho más lejos. Un retrato implica la participación de muchos elementos y la perfecta armonía de todos ellos. Desde el equipo a emplear hasta la complicidad del modelo -profesional u ocasional-, debemos tener en cuenta que todos los detalles son esenciales y que el fallo de uno solo puede echar por tierra el resultado final. Y es que si hay una imagen que transmita un sentimiento, esa es un retrato. Por Eduardo ParraRetratos los hay de muchos tipos. Pero es evidente que no es lo mismo un retrato en estudio con una top model y varios miles de euros en equipo que el retrato del hijo recién nacido en la cuna del hospital o el del aldeano tailandés de nuestro último viaje. La diferencia técnica entre uno y otro puede ser abismal y, sin embargo, también es posible que el retrato de estudio sea mucho menos llamativo que los otros dos. Esto es así porque los elementos que intervienen en un retrato están hilvanados entre sí, compensándose mutuamente. Así, una carencia de iluminación, por ejemplo, puede subsanarse con una buena composición; del mismo modo, un buen atrezzo no puede competir con las carantoñas de un bebé.
La esencia del retrato
Los retratos, o bien son preparados, o bien son espontáneos -aunque todos aceptan un grado de improvisación. Si se pretende hacer un retrato serio –por así llamarlo-se necesitara un mínimo de preparación. En este sentido, será necesario asegurarse que el modelo tenga un semblante que se adecue a la óptica con la que queramos enfocar –en un sentido metafórico- nuestra composición. Con ello no pretendemos sugerir que sea necesariamente guapo, sino que venga predispuesto a pasarse -cuanto menos- unos minutos frente a la cámara. El fotógrafo, por su parte, deberá de tener previamente elegidos los puntos de vista; conocer el escenario, las poses que se van a pedir y el material necesario, etc.
El sujeto: centro de interés
El principio de un retrato suele consistir en ubicar el sujeto. Es conveniente emplear fondos no demasiado llamativos ni recargados que puedan distraer la atención -el sujeto es lo más importante- y, si es posible, situarlos fuera de enfoque.
En este tipo de fotos es también relevante la elección de la hora. Resulta recomendable realizarlas al comienzo o al final del día, cuando la luz solar incide muy angulada con respecto al suelo y no genera sombras fuertes. Por otro lado, es especialmente recomendable elegir días parcialmente nublados, pues así podrá aprovechar un tipo de luz más homogéneo y blando.
La posición de las manos, los brazos y el tronco del sujeto fotografiado son otros de los elementos preponderantes en un retrato. Del mismo modo que el punto de vista frontal no es el mejor para capturar un rostro, un cuerpo erguido dista de ser la mejor postura para quedar inmortalizado. De hecho, muchas personas se esfuerzan por adoptar una pose atractiva, logrando generalmente un resultado opuesto al deseado. Para obtener una composición estéticamente agradable, es bastante útil sugerir al modelo que sujete algún objeto o que se apoye en algún lugar, pudiendo adoptar así distintas posturas que no resulten incómodas o forzadas. Sin embargo, hay que tener cuidado de que estos elementos no interfieran en el resultado final de la toma.
La principal parte del retrato se encuentra -en la mayoría de ocasiones- en el rostro del sujeto, ya que en él se concentran una parte sustancial de las expresiones corporales. Así pues, debemos tener en cuenta que la cámara y los ojos del sujeto han estar, para lograr un retrato estándar, a la misma altura. Cualquier punto de vista diferente podría implicar posturas forzadas que, en un principio, es preferible evitar.
Además, tenemos que prestar atención al enfoque. Aunque lo normal es no tener problemas de profundidad de campo -máxime si empleamos pequeñas compactas digitales-, es posible aunque poco probable que el enfoque pueda perderse ligeramente, sobre todo si utilizamos focales largas. Para evitar que la profundidad de campo se convierta en un error, lo mejor es mantener el punto de enfoque en los ojos del sujeto o, si no está de frente, en el ojo más cercano a nuestro objetivo.